Frente al incremento de la producción mundial impulsado por la región del Mar Negro y la demanda de la industria transformadora, la siembra de girasol se afianza como pilar de la soberanía alimentaria y alternativa agronómica eficiente frente al estrés hídrico.
La campaña agrícola 2026/27 sitúa a las plantas oleaginosas, y de forma muy destacada al cultivo del girasol, en el centro del debate agronómico y económico global. De acuerdo con los últimos informes del Consejo Internacional de Granos (CIG), la producción mundial de semilla de girasol experimentará un repunte del 10%, alcanzando los 62,1 millones de toneladas. Este dinamismo global, motivado por el empuje de las cosechas en la cuenca del Mar Negro —donde Rusia prevé alcanzar los 21 millones de toneladas y Ucrania los 13,5 millones—, confirma una demanda industrial sólida, constante y estructural en los mercados internacionales.
En España, esta coyuntura global plantea una oportunidad decisiva para los agricultores de cultivos extensivos. Tras las previsiones del CIG y el seguimiento del mercado de oleaginosas respaldado por organizaciones internacionales y centros de investigación sectoriales (como la UFOP o el análisis comparativo del MAPA y la FAO), el girasol emerge no solo como un cultivo refugio, sino como una apuesta estratégica de alta rentabilidad y bajo riesgo operacional.
Desde el punto de vista técnico, la inclusión del girasol en la alternativa de cultivos ofrece ventajas decisivas ante las exigencias climáticas y los costes de producción actuales.
Asimismo, como destacan organismos de investigación como la UFOP y redes técnicas de experimentación agronómica, el girasol presenta requerimientos de nitrógeno significativamente menores en comparación con los cereales de invierno. Su menor demanda de fertilizantes sintéticos reduce notablemente los costes directos por hectárea, optimiza el balance de carbono de la explotación y actúa como un excelente rompedor de ciclos de malas hierbas y plagas en las alternativas de cereal, mejorando la estructura y salud del suelo.
Mercado interior: Respuesta al liderazgo de consumo y reducción del déficit comercial
En el plano económico, España cuenta con una posición de mercado única: el aceite de girasol ostenta el liderazgo en volumen de ventas y consumo en el sector agroalimentario y canal HORECA, además de ser un ingrediente esencial para la industria transformadora nacional. Sin embargo, la tasa de autoabastecimiento nacional de semilla para molturación mantiene a la industria dependiente de las importaciones de terceros países.
Incrementar la superficie de siembra en España es la vía directa para reducir el déficit comercial de oleaginosas, garantizar el suministro a las extractoras locales y capturar el valor añadido dentro de nuestras fronteras. En un entorno de volatilidad de precios en los insumos tradicionales, el girasol ofrece al agricultor contratos de entrega estructurados, costes de implantación ajustados y una liquidez garantizada en el momento de la cosecha.
Ante el inicio de la planificación de las siembras y la necesidad de adaptar los sistemas productivos al cambio climático, se insta a agricultores, agrónomos y gestores técnicos a apostar de forma decidida por el cultivo del girasol.
La profesionalización del cultivo —mediante la elección de variedades híbridas de alto rendimiento, la optimización de la densidad de siembra y una fertilización de precisión adaptada a los análisis de suelo— es la llave para consolidar rendimientos elevados y sostenibles. El girasol no es solo una alternativa agronómica frente a la escasez de agua y los altos costes de insumos; es el motor para fortalecer la soberanía alimentaria de nuestro país y garantizar la rentabilidad del sector extensivo español.

Sobre la AEG: La Asociación Española de Girasol (AEG) es la entidad de referencia
en la promoción, investigación y divulgación técnica del cultivo de girasol en
España, trabajando por la competitividad de los agricultores y la calidad de la
producción nacional.






